Hace sólo veinte años que la feria informática más grande del mundo decidió valerse por sí misma.

El 12 de marzo de 1986 se abrieron las puertas. En el recinto ferial de Hannover tuvo lugar la primera edición independiente de CeBIT. Antes de esa fecha, era sólo un componente de la Hannover Messe.

En los años 50, el “industria de la oficina” era un pilar central de la feria de Hannover.

En 1970, reclamó su propio espacio. Se construyó el pabellón 1. Era la sala más grande de todo el terreno. El sector de procesamiento de datos siguió ocupando más espacio. Su participación en la Hannover Messe creció tan rápido como las propias industrias de las telecomunicaciones y la información.

El espacio se convirtió en un bien de primera calidad. En la década de 1980, los expositores potenciales fueron rechazados.

La gran división

La Deutsche Messe AG anunció la división en 1984. La Hannover Messe se dividiría a partir de 1986. CeBIT tomó marzo. Abril se celebró en la Hannover Industriemesse.

Esta decisión creó un tema de discusión masivo durante los próximos dos años. La separación fue controvertida. Los críticos argumentaron que un CeBIT independiente no sería lo suficientemente atractivo. Dudaban que pudiera sobrevivir solo.

Estaban equivocados.

El éxito justificó a los proponentes. El primer CeBIT, que significa “Centrum der Büro- und Informationstechnik”, atrajo en 1986 a 334.400 visitantes. Compárese esta cifra con la última edición conjunta de Hannover Messe en 1985, que contó con más de 800.000 asistentes. CeBIT comenzó con 2.142 expositores.

El crecimiento se aceleró. La décima edición de CeBIT en 1995 contó con 6.100 expositores y más de 755.000 visitantes.

Pero no todos estaban allí para asuntos serios. Casi el 30% fueron visitantes privados.

Se los temía como “cazadores de gangas”. Estos asistentes se preocuparon principalmente por rifas, alfombrillas para mouse gratuitas y otros obsequios. Tenían los bolsillos llenos de folletos y alfileres.

El evento CeBIT de marzo se convirtió en un gran atractivo tanto para los profesionales de la industria como para los asistentes ocasionales que buscaban ofertas.

La separación funcionó. La feria encontró su identidad. Ya no era sólo un departamento. Era un destino.

La dinámica cambió con los años. La mezcla de compradores profesionales y público curioso cambió el ambiente. A algunos les encantó la accesibilidad. Otros odiaban a las multitudes.

El legado permanece. Mostró cómo un sector podía superar a su evento matriz. Demostró que la especialización podía impulsar el tráfico.

Ahora vemos las ferias tecnológicas de manera diferente. Las líneas entre profesional y consumidor se han desdibujado.

¿Importa? Quizás no. Pero la historia muestra con qué rapidez un nicho puede convertirse en un fenómeno.

La historia no terminó ahí. Simplemente evolucionó.