El oeste de Estados Unidos ya se enfrenta al racionamiento de agua y a un mayor peligro de incendios forestales antes de lo habitual, impulsado por un invierno anormalmente cálido y seco. La falta de nevadas sustanciales ha creado condiciones en las que la vegetación inflamable está preparada para arder antes y con mayor intensidad de lo normal. Esto no es sólo una cuestión de duración de la sequía; el momento de la sequía es crítico.

El problema del secado temprano del combustible

Los pastos secos, a menudo llamados por los bomberos “combustibles de una hora”, se encienden rápidamente. Incluso sin una sequía prolongada, pueden volverse peligrosamente inflamables en una hora. Sin embargo, la sequía de nieve de este año ha expuesto los pastos a la luz solar, el viento y el aire seco a principios de temporada, acelerando su proceso de secado. En áreas donde la capa de nieve era mínima, el pasto permanece erguido como leña, lo que facilita aún más el encendido.

La situación se ve agravada por la propagación de especies invasoras como el Cheatgrass y el cedro rojo, que son altamente inflamables y contribuyen a incendios más volátiles en las regiones de las llanuras. Estas especies prosperan en condiciones de sequía, lo que aumenta aún más el riesgo para el ganado y las tierras de cultivo.

Preocupaciones más profundas sobre el combustible

Más allá de los pastos, la sequía de nieve probablemente haya dejado los combustibles más pesados (árboles y arbustos) más secos de lo habitual para esta época del año. Esto significa que incendios forestales más grandes y destructivos podrían iniciarse antes de lo esperado. El problema se extiende debajo de la superficie: es posible que los suelos desecados no se recuperen completamente ni siquiera con las lluvias de primavera, lo que deja a la vegetación incapaz de absorber suficiente humedad para resistir las llamas.

El clima de incendio acelera el riesgo

Para aumentar el peligro, las condiciones climáticas de los incendios han sido inusualmente severas en gran parte del oeste. Las temperaturas inusualmente cálidas, la baja humedad y los frecuentes vientos fuertes han provocado múltiples días de incendio con “bandera roja”, incluso durante el invierno. Las empresas de servicios públicos en regiones como las Montañas Rocosas de Colorado ya han cortado el suministro de manera preventiva para evitar que las líneas provoquen incendios forestales, una señal del mayor riesgo.

La combinación de combustibles secos, paisajes áridos y climas extremos de incendios crea un escenario peligroso. Occidente se está preparando para una temporada de incendios forestales temprana y potencialmente grave, y las tendencias climáticas subyacentes sugieren que esto podría convertirse en la nueva normalidad.