Si bien el gobierno de Estados Unidos señala que las cifras de tratamiento estables son prueba de éxito, nuevos datos sugieren que los cimientos de la lucha global contra el VIH se están fracturando. Tras la decisión de la administración Trump de recortar la ayuda exterior a principios de 2025, el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR) se enfrenta a una crisis de prevención y extensión que podría desencadenar un aumento a largo plazo de nuevas infecciones.
La ilusión de la estabilidad
A primera vista, los datos oficiales publicados por el Departamento de Estado para el último trimestre de 2025 parecen tranquilizadores. Aproximadamente 20 millones de personas continuaron recibiendo medicamentos antirretrovirales, aproximadamente la misma cantidad que el año anterior. Desde un punto de vista puramente humanitario, esto significa que millones de personas que viven con el VIH siguen con vida.
Sin embargo, los expertos en salud advierten que centrarse únicamente en la “continuidad del tratamiento” es una visión estrecha de una epidemia compleja. Si bien la administración ha dado prioridad a mantener a los pacientes existentes tomando medicamentos, ha debilitado significativamente la “arquitectura” necesaria para evitar que el virus se propague a nuevos huéspedes.
Un colapso en la prevención y detección
El verdadero impacto de los recortes de financiación se revela al observar las métricas que impulsan el control de la epidemia a largo plazo: pruebas, PrEP (profilaxis previa a la exposición) y extensión comunitaria.
Los datos del último trimestre de 2025 muestran una fuerte caída en varias áreas críticas:
* Pruebas de VIH: Una caída del 17% en las pruebas (4 millones de personas menos) en comparación con el año anterior.
* Nuevos tratamientos: Una disminución del 16 % en el número de personas que inician recientemente el tratamiento contra el VIH.
* Inscripción en PrEP: Una asombrosa caída del 41 % en nuevas inscripciones para la píldora diaria preventiva.
* Atención de seguimiento: Una disminución de casi 60 % en el número de personas que regresan para las citas de seguimiento necesarias.
Estas cifras indican que PEPFAR está perdiendo su capacidad de encontrar infecciones “ocultas”. En la lucha contra el VIH, encontrar una persona no diagnosticada es tan importante como tratar a un paciente conocido; Sin pruebas, el virus continúa circulando sin ser detectado.
La erosión de la fuerza laboral de primera línea
El declive no se debe sólo a las drogas; se trata de personas. El análisis muestra que la fuerza laboral de prestación directa de servicios cayó un 24% después de la congelación de la ayuda. Las pérdidas más significativas ocurrieron entre los trabajadores de salud comunitarios y los administradores de casos, los mismos individuos responsables de llegar a los grupos marginados y “difíciles de alcanzar”.
Esta pérdida de infraestructura humana es particularmente perjudicial para las poblaciones de alto riesgo. Por ejemplo:
* El programa DREAMS, que apoya a niñas adolescentes y mujeres jóvenes, vio caer la participación de casi 2 millones en 2024 a solo 253.000 un año después.
* Los programas de prevención dirigidos específicamente a poblaciones clave (como trabajadores sexuales y personas que se inyectan drogas) cayeron de 3 millones de participantes a cero.
El peligro de los datos “delgados”
Más allá de la pérdida inmediata de servicios, está surgiendo un problema más sistémico: la falta de transparencia. Bajo la nueva “Estrategia de Salud Global de Estados Unidos Primero”, muchos requisitos de presentación de informes se han vuelto opcionales. Ya no se realiza un seguimiento constante de los datos sobre la atención de la tuberculosis y poblaciones clave específicas.
Esto crea un “vacío de datos”. Durante décadas, el éxito del PEPFAR se basó en su capacidad de proporcionar datos granulares en tiempo real que permitieron a los funcionarios detectar fallas y corregir el rumbo. Sin esta visibilidad, los funcionarios de salud pueden estar volando a ciegas.
“Se podría celebrar el éxito de la continuidad del tratamiento”, dijo Jirair Ratevosian, ex jefe de personal de PEPFAR. “Pero también se podía mirar debajo del capó y ver una arquitectura completa desmoronándose”.
La crisis que se avecina
Es posible que las consecuencias de estos recortes no sean inmediatamente visibles en los titulares, pero ya están apareciendo en las clínicas locales. En algunas partes de Zambia, los hospitales han informado de un aumento repentino y pronunciado de casos avanzados de SIDA, un síntoma directo de un diagnóstico tardío.
Si bien la estrategia actual mantiene la vida estable, el colapso de la infraestructura de pruebas y prevención sugiere que el mundo avanza hacia una “crisis oculta”. Si el objetivo es controlar la epidemia para 2030, la tendencia actual de priorizar la administración de medicamentos sobre la extensión sistémica puede hacer que ese objetivo sea imposible de alcanzar.
Conclusión: Si bien PEPFAR sigue teniendo éxito en la entrega de medicamentos que salvan vidas a quienes ya están infectados, la drástica reducción de los servicios de pruebas y prevención amenaza con desencadenar una ola masiva de nuevas infecciones por VIH que podría abrumar al sistema en los próximos años.


























